Cuando se produjo el atentado terrorista en varias zonas de Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001 se comenzó a hablar de la práctica desaparición del espía infiltrado de la CIA que se había sustituido por individuos sentados en una silla delante de un monitor que salía más barato. Y también porque nadie quería sacrificar tanto por un trabajo. Una cosa parecida ocurre en los medios de comunicación con el corresponsal de guerra, que desde hace unos años está desaparecido, en buena parte porque conflictos armados no hay muchos, menos mal. Pero cuando desgraciadamente se sucede alguno los voluntarios son las viejas glorias.

En RTVE se han creado buena fama varios nombres. Haciendo memoria el primero que me viene es Vicente Romero, en este caso más para televisión. El crítico Ferran Monegal lo califica con el nombre ‘routier’, que le da más categoría tras comprobar su trayectoria como corresponsal de guerra, golpes de estado o tragedias humanitarias en Argentina, Chile, Vietnam, Camboya, Mozambique, Sierra Leona o Afganistán por poner unos ejemplos. Aunque también tiene una gran cultura cinéfila que se acabó demostrando en la gran serie documental de TVE ‘Imágenes prohibidas’ de 1993 donde se hace un recorrido sobre la censura del cine en España durante los años de la dictadura. Obligado visionado, aunque las copias que tiene la televisión pública sean grabaciones de la cadena en la que se emitió su reposición años más tarde.

Pero la persona cuyo nombre ha sido más comentado en las últimas semanas ha sido Fran Sevilla, también perteneciente a la corporación pública, pero en este caso en Radio Nacional. Con el bagaje de haber estado en las guerras del Golfo Pérsico, Yugoslavia, Afganistán, Líbano, Irak y Colombia, alguien creyó que lo mejor sería tenerlo como corresponsal de guerra en Ucrania. Y allá se fue para dar la crónica, incluyendo el monumental susto que se llevó el 26 de abril cuando yendo en coche por la provincia ucraniana de Zaporiya con un periodista brasileño y con chófer ucraniano le cayó un proyectil ruso junto al vehículo. Los tres ocupantes tuvieron que salir del coche y arrastrarse a la pared del edificio más cercano donde estuvieron mientras duró el ataque, alrededor de una hora. Cuando el ataque terminó, salieron a toda velocidad de la zona, sin llegar a darse a conocer como periodistas. Se produjo el hecho típico del Farwest americano: dispara y después pregunta. Lo que no debería ser, pero que desgraciadamente pasa.

A su vuelta a España, Fran Sevilla ha ido a su casa, Radio Nacional, para contar su experiencia que se resume en su frase “todas las guerras son distintas y son iguales a la vez”. Los métodos son diferentes, pero la finalidad es la misma. Gran verdad.

Como he dicho anteriormente no existen nuevas figuras del tipo Fran Sevilla en la radio. Guerras las hay y las habrá, es o malo. Pero parece que a nadie le interesa este tipo de trabajo, que requiere mucha vocación, sacrificio personal y además pensar que el billete de ida es el único que existe.

Ojalá aparezcan personajes de este tipo, pero lo mejor de todo es que no debería de existir el corresponsal de guerra. Eso ya daría a entender que algo más habría acabado.

Por jmpontes

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