Siempre he dicho que hay dos expresiones que mueven el mundo de la economía. La primera es “todo al 50% de descuento”, o también con mayores porcentajes. La otra es la palabra “gratis”, y esta recibe masivamente el apoyo de la gente, aunque lo de gratis acarree publicidad o incluso la venta de la privacidad. Y lo peor es que esto mucha gente no le ve ningún problema.

Trasladando este tema a las plataformas de audio como Ivoox, Spotify, Apple Podcast o Google Podcast, tenemos el caso de Ivoox que optó en su momento por ofrecer podcasts bajo suscripción y con cuenta gratuita. Hay que considerar que el mantenimiento de los servidores de los podcasts subidos directamente a su plataforma tiene un coste que se debe de valorar. Todo aquel que quiera pagar puede hacerlo, y el que no pues que sepa que se insertará publicidad en su audio.

Este mismo procedimiento han comenzado a seguir las plataformas de streaming de televisión, aunque en su caso la opción con publicidad necesita de un pago mensual, aunque sea menor que las que no tiene publicidad.

Todo esto denota que no todo el público tiene el bolsillo lo suficientemente grande para gastarlo en estas cosas, o que considera que para esos servicios no hace falta pagar nada, bajo la consideración de que siempre han sido gratis y así deben serlo.

El problema viene cuando se crea una plataforma, en este caso de audio, decide cerrar el candado de buen principio ya que considera que su contenido no es para cualquiera, o que, visto desde otro ángulo, su contenido es para aquellos que quieran pagar una cuota mensual. Este fue el planteamiento de Sonora desde un principio, la plataforma de audio de Atresmedia. El mismo planteamiento que siguió Podimo o Audible en su momento, pero mientras estas últimas se dedican al sector podcast estilo programas y audiolibros, la primera decidió el podcast documental y de ficción. Con una más que buena factura, el toque de calidad para atraer al público dispuesto a pagar por escuchar.

Desde el pasado mes de junio Sonora ha comenzado a cambiar, según una publicación del diario ‘El Mundo’. El primer paso fue la salida de Toni Garrido, su responsable máximo. Lo segundo la realización de un ERE que afecta a una treintena de los trabajadores de la plataforma, la práctica mayoría según publica DirComfidecial en su web. Ahora Atresmedia se plantea que la plataforma tenga una opción gratuita con publicidad. Parece ser que las cosas no han ido todo lo bien que se pensaban.

El planteamiento es bueno ya que, repito, el contenido es de muy buena factura y calidad, pero estamos en un momento parecido al de la televisión: hay demasiadas plataformas, ya sean de pago o gratuitas, aunque en el caso del audio hay que añadir lo que se emite por radio. Poder escuchar todo lo que uno desea requiere disponer de mucho tiempo libre, al menos libre para las orejas, con lo que se plantean prioridades y lo de pagar por escuchar queda relegado a un segundo plano, aunque tenga un buen atractivo.

Así basar el negocio en una única modalidad de pago es ponerse palos en las ruedas, con lo que es conveniente plantear una modalidad gratuita con anuncios para poder entrar bien en el mercado, siempre y cuando consideres que tu plataforma necesita unos ingresos desde cero por los costes que tiene. De momento aquellas plataformas que basan su modelo en contenido propio y audiolibros se van salvando, posiblemente por estos últimos que la gente parece que valora su precio.

El contenido en internet no puede ser gratuito de forma eterna. No soy el único que lo dice, ya que Gorka Zumeta argumenta lo mismo en su libro ‘La radio: El acompañante silenciado’. Todo cuesta dinero y en algún momento tocará pagar, pero, y aquí difiero de Zumeta, todavía habrá que esperar mucho tiempo para ver funcionar este modelo en exclusiva. De momento hay que plantearse los modelos gratuitos con anuncios y de pago sin anuncios, al menos para el audio.

Es que nos hemos acostumbrado al modelo radio sin gastos para el oyente, pero sus gastos siguen siendo sufragados por la publicidad, en mayor o menor medida. Siempre hay que pagar un precio.

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